Visita al Batsuoj Sami Center

Batsouj

Tuvimos que conducir durante unos cuantos kilómetros por carreteras solitarias hasta encontrar el cartel que nos indicaba que si queríamos ir al Batsuoj Sami Center nos metiéramos por ese estrecho camino hacia la izquierda. Cuando fuimos nosotros, a mediados de marzo, apenas se encontraba ese desvío, pues una generosa capa de nieve lo había cubierto todo unos días atrás, pero estaba perfectamente señalizado. Son dos kilómetros atravesando el bosque para llegar a la granja donde vive una familia Sami que todavía se dedica al pastoreo de renos durante todo el año. Los primeros en recibirte cuando llegas son unos cuantos perros pastores, que parecen encantados de tener visitas, justo antes de que aparezca Lotta con una gran sonrisa dibujada en una cara curtida por el frío. Lejos del estereotipo Sami de personas introvertidas, Lotta enseguida empieza a contar historias y hacer preguntas mientras paseamos hasta el cercado donde tienen apenas 20 renos, pues el resto de la manada está lejos en esa época. Descubrir entonces la conexión que los Sami tienen con la naturaleza es algo inmediato.

El pastoreo de manadas de renos es una labor dura. Durante el invierno hay que abandonar las tierras del interior y dirigir la manada hacia la costa, donde la capa de nieve no es tan gruesa y pueden alcanzar el suelo con más facilidad en busca de los líquenes y ramas tiernas que le sirven de alimento. Mientras jugábamos con los renos y les dábamos de comer, lo cual en sí ya es toda una experiencia, Lotta nos contaba los entresijos de la labor pastoril. Hoy en día utilizan motos de nieve, pero antaño todo eso había que hacerlo con esquís y era una tarea más dura si cabe. Está muy extendida la creencia de que los Sami todavía viven en cabañas tradicionales y reniegan de las tecnologías, pero nada más lejos de la realidad. Eso sí, no abandonan su cultura, la aman y luchan por conservarla.

 

Después de ese rato familiarizándonos con los renos, nos dirigimos hacia la recreación de un antiguo poblado Sami. Siempre al lado de un río o un lago, pues el pescado era una fuente de alimento muy importante para los Sami, los poblados estaban formados por varias cabañas: viviendas (gahtie), almacenes (ajjte) y despensas (njalla). La vivienda, un único habitáculo alfombrado con pieles de reno, está presidida en su centro por un acogedor fuego. Allí Lotta calienta agua para café y se prepara para cocinar un embutido de carne de reno, patatas hervidas y salsa que ella misma prepara con arándanos recolectados en los bosques cercanos. Resulta mágico comer en ese espacio, con los pies cerca del fuego y la agradable conversación que te revela aspectos desconocidos de la cultura Sami más profunda. Tras la comida, el café es ineludible, estamos en Suecia. Dentro de una cabaña Sami el tiempo corre lento y agradable. Las sensaciones que el lugar nos transmite son únicas y dan ganas de quedarse a dormir, que por cierto también se puede hacer y nos hubiera encantado. Pero teníamos otros planes un poco más al norte, en Arjeplog.

Cuando uno abandona el Batsuoj Sami Center lo que pasa por la cabeza es volver cuanto antes. ¿Por qué no en verano? Con la manada de renos al completo y un paisaje totalmente distinto.

 -Saleta y Miguel, www.blogdesuecia.es